jueves, 12 de febrero de 2026

MORIR EN TOLEDO: UNA HISTORIA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 


Hay momentos en la historia que parecen escritos con fuego. Momentos que no se borran, aunque pasen décadas, aunque cambien las generaciones, aunque el país se reinvente una y otra vez. El asedio del Alcázar de Toledo es uno de esos momentos. Un episodio que, más que un hecho militar, es una herida abierta, un símbolo, un espejo en el que España se vio rota, dividida, enfrentada consigo misma y tratando de sobrevivir a ella misma.

 

Esta película, “MORIR EN TOLEDO”, nace del deseo de acercarme a ese espejo sin miedo. De intentar comprender qué ocurre cuando un país deja de ser un país y se convierte en un campo de batalla entre hermanos enfrentados por diversidad de ideas e intereses. De explorar no solo los hechos, sino las emociones, los silencios, las dudas, los gestos pequeños que nunca aparecen en los libros de historia.

 

Un país que se rompe

 

La Guerra Civil Española no fue solo un conflicto armado. Fue un terremoto emocional que sacudió cada casa, cada familia, cada amistad. No hubo rincón que no sintiera su temblor. Y en medio de ese caos, Toledo se convirtió en un símbolo: una ciudad antigua, cargada de historia, que de pronto se vio envuelta en un asedio que duraría más de dos meses, y que representaba a un país que se enfrentaba a sus propios demonios, que se resistía a morir, y siempre buscaba sobrevivir aún en las más adversas condiciones.

 

El Alcázar, ese edificio imponente que había visto pasar siglos de guerras, reyes y ejércitos, se convirtió en una fortaleza sitiada. Dentro quedaron atrapados militares, guardias civiles, hombres y mujeres que buscaron refugio en el primer momento, ancianos y niños. Fuera, miles de milicianos y soldados que habían decidido ser fieles a la República, intentaban derribar sus muros, convencidos de que su caída tendría un impacto moral decisivo para poner fin al alzamiento de los militares inquietos por el futuro de la patria y descontentos por lo que ocurría en la República.

 

La vida dentro del Alcázar

 

La película intenta mostrar lo que no siempre se cuenta: la vida cotidiana dentro de un edificio que se derrumba. El polvo que cae del techo con cada explosión. El silencio tenso que precede a un bombardeo. El llanto de un niño que no entiende por qué ya no hay pan. La mirada perdida de una madre que intenta mantener la calma. El soldado que escribe una carta que quizá nunca llegará. El anciano que recuerda tiempos mejores mientras escucha cómo las paredes tiemblan. La maestra que sigue dando sus clases a los niños. El sacerdote que no deja de guiar a los fieles.

 

La guerra, cuando se vive desde dentro, no tiene épica. Tiene miedo. Tiene hambre. Tiene incertidumbre. Tiene odio. Tiene noches interminables y días que parecen repetirse sin esperanza.

 

La vida fuera del Alcázar

Pero también quise mostrar lo que ocurría fuera. Porque la guerra civil no tiene un solo punto de vista. Los combatientes que rodeaban el Alcázar también eran hijos de alguien, padres de alguien, amigos de alguien. También tenían dudas, cansancio, rabia, convicciones, contradicciones. También sufrían. También perdían.

 

La película no toma partido. No glorifica a nadie. No demoniza a nadie. Porque la guerra civil no es una historia de buenos y malos. Es una historia de dolor compartido, que también deseo que sea un llamamiento a la razón, a la reconciliación, a la convivencia, a ser ese pueblo hermano que todos deberíamos ser y que nos une una patria común.

 

La bandera rasgada

 

Hay una imagen que atraviesa toda la película: la bandera española ondeando, rasgada, sobre las torres destruidas del Alcázar.

 

No es un símbolo de victoria. No es un símbolo de gloria. Es un símbolo de resistencia humana. De obstinación. De supervivencia. De lo que queda en pie cuando todo lo demás se ha derrumbado, aunque el final fuera la bandera de los vencedores, la bandera que tomó forma como lo decidió el Rey de España Carlos III.

 

La Inteligencia Artificial como herramienta… y como frontera

 

Crear esta película con Inteligencia Artificial ha sido un viaje lleno de descubrimientos y frustraciones. La IA es capaz de generar imágenes impresionantes, pero también está llena de límites invisibles: errores, incoherencias, filtros, censuras internas que impiden recrear ciertos momentos con fidelidad histórica. Esto lo veréis en la película. También falló en la forma de presentar los uniformes militares, por ejemplo.

 

Quise mostrar escenas duras, reales, crudas. Pero la IA suavizaba lo que debía ser áspero. Embellecía lo que debía ser trágico. Evitaba lo que consideraba “sensible”.

 

Y aun así, seguí adelante. Porque la historia merecía ser contada, aunque fuera con imperfecciones. Porque la memoria no necesita exactitud fotográfica, sino verdad emocional.

 

Una obra imperfecta, pero honesta

 

“MORIR EN TOLEDO” no es una superproducción. No es un documental académico. No es una recreación exacta de los hechos.

 

Es una obra personal. Un acto de memoria. Un intento de comprender. Un homenaje a quienes vivieron, sufrieron y murieron en aquel episodio. Un recordatorio de que la historia no es un conjunto de fechas, sino un conjunto de vidas.

 

Si esta película te hace pensar, sentir, recordar o simplemente mirar nuestra historia con una mirada más humana, entonces habrá cumplido su propósito.

 

Aclaro que yo y mi hijo Jordi interpretamos en esta película los papeles de coronel José Moscardó, y capitán Emilio Vela.

 

Gracias por acompañarme en este viaje. Gracias por mirar hacia atrás conmigo. Gracias por permitir que esta historia siga viva.


martes, 20 de enero de 2026

EN BUSCA DE LAS MINAS DEL REY SALOMÓN ( CRÓNICA DE UN LARGO VIAJE POR ÁFRICA)


¿Y si te dijera que las legendarias Minas del Rey Salomón realmente existen?. ¿Y si te dijera que no son lo que mil años de leyendas nos han hecho creer?.

 

Durante ocho meses, cuatro aventureros españoles ( Javier, Jordi, Patricia, y Adriana), con un coche Toyota Land Cruise 70 cruzan África de norte a sur buscando respuestas. Harán escala en 23 países. Unos 20.127 kilómetros por tierra. Y con una una obsesión común: encontrar la verdad detrás de una de las leyendas más persistentes de la historia.

 

Lo que encontraron no solo cambió su comprensión de la historia africana. Cambió sus vidas, llegando a convertirse en casi una familia.

 

Todo comenzó con un libro antiguo, una botella de vino y una conversación aparentemente casual en Barcelona. Adriana, historiadora de 25 años especializada en África medieval, había dedicado años a investigar el Reino de Zimbabue. Su tesis doctoral planteaba una teoría revolucionaria: las famosas Minas del Rey Salomón no eran una fantasía literaria de H. Rider Haggard. Eran reales. Pero no pertenecían a Salomón, aunque su compañera Patricia le dijera que fue una revelación de su amante, la riquísima Reina de Saba.

 

"Los comerciantes árabes del siglo XII llegaron a lo que hoy es Zimbabue", explicaba Adriana aquella noche. "Encontraron un imperio próspero con minas de oro y arquitectura impresionante. Conocían las escrituras bíblicas. Conocían las leyendas de Ophir, la tierra de oro del Rey Salomón. Hicieron la conexión. Error geográfico. Anacronismo temporal. Pero lógico para ellos."

 

La pregunta inevitable surgió: ¿Y si vamos a verificarlo?

 

Los personajes son los siguientes:

 

Javier (63 años) – Millonario con el carnet de piloto de piloto de avioneta Cressna 182 , retirado y espíritu aventurero. Toda su vida soñó con cruzar África. "Sesenta y tres años esperando el momento correcto. Este es el momento", acabaría diciendo.

 

Jordi (26 años) – Hijo del millonario Javier. Documentalista recién graduado buscando su proyecto definitivo. "Si no documento esto, nadie me creerá que sucedió", acabaría diciendo. Convenció a Patricia y a Adriana, dos de sus amigas de sus círculos sociales, para que le acompañaran a él, junto con su padre, en este largo viaje a África.

 

Patricia (35 años) – Es una bióloga frustrada con la vida académica rutinaria. "Estudié fauna africana en libros. Quiero verla real. Viva. En su hábitat”. Piensa que es su oportunidad de ver toda África antes de que llegue el momento en que conozca a alguien interesante y se case.

 

Adriana (25 años) – Antigua compañera de escuela de Jordi, y actualmente historiadora obsesionada con el Reino de Zimbabue. "Dedicaré mi vida a que el mundo conozca esta historia. Africana. Gloriosa. Olvidada."

 

Cuatro personas al principio desconocidas unidos por una búsqueda imposible de las Minas del Rey Salomón.

 

LA RUTA: 23 PAÍSES, UN DESTINO

 

FASE 1: MEDITERRÁNEO Y SÁHARA (Días 1-45)
- España → Marruecos → Sahara Español → Mauritania

El ferry de Barcelona a Tánger. Chefchaouen, la ciudad azul. El Átlas y luego... el Sáhara. 1.200 kilómetros de desierto en Mauritania. Arena hasta el horizonte. 50°C a la sombra. El primer gran desafío. Aprendieron que África no perdona errores.

 

FASE 2: ÁFRICA OCCIDENTAL (Días 46-120)
- Senegal → Gambia → Guinea-Bissau → Costa de Marfil → Ghana → Togo → Benín

La diversidad de África Occidental les abrumó. Dakar vibrante pero un caos circulatorio. Banjul tranquila. Guinea-Bissau caótica (peores carreteras del viaje). Ghana educada. Benín místico con ceremonias vudú. Y las puertas del no retorno donde millones fueron esclavizados. Historia dolorosa que no puede olvidarse.

 

FASE 3: ÁFRICA CENTRAL (Días 121-165)
- Nigeria → Camerún → Chad → Sudán

El corazón oscuro. Lagos caótico. Camerún diverso ("África en miniatura"). Chad pobre y polvoriento. Sudán con sus pirámides olvidadas de Meroe. Más pirámides que Egipto. Nadie lo sabe. El Reino de Kush, los faraones negros. Historia borrada del conocimiento popular.

 

FASE 4: ÁFRICA ORIENTAL (Días 166-210)
- Etiopía → Kenia → Tanzania

Etiopía les cambió. Lucy, el ancestro común de toda la humanidad visto en la vitrina de un museo. Lalibela, las iglesias excavadas en roca. La conexión: todos somos de origen africano. Luego Kenia con el Masai Mara y la Gran Migración. Dos millones de ñus. Depredadores cazando. El círculo de la vida sin filtros. Tanzania con el Serengueti y Ngorongoro, gigantescos parques naturales. Descanso en la isla de Zanzíbar (merecido).

 

FASE 5: ÁFRICA AUSTRAL (Días 211-243)
- Mozambique → Zambia → Botsuana → Namibia → Sudáfrica → ZIMBABUE

Cataratas Victoria: el Trueno que Humea. Delta del Okavango: safari en mokoro. Namibia: dunas rojas más altas del mundo. Sudáfrica: Ciudad del Cabo y Kruger. Y finalmente... Zimbabue. El destino. El final de la búsqueda.

 

EL DESCUBRIMIENTO

 

Día 238. Amanecer en Masvingo, Zimbabue. 30 kilómetros al sureste: el Gran Zimbabue.

 

Cuando las murallas de piedra aparecieron entre los árboles, todos lloraron de inmensa emoción. Ocho meses. 23 países. Y ahí estaba. Real. Tangible. Majestuoso.

 

El Gran Zimbabue no es una ruina cualquiera. Es el edificio de piedra más grande del África subsahariana precolonial. Ochocientas hectáreas. Murallas de nueve metros sin mortero. La Torre Cónica, símbolo nacional. Construcción del siglo XI al XV.

 

Pero la revelación real llegó tres kilómetros al oeste, donde estaban las supuestas Minas del Rey Salomón.

 

Cientos de túneles excavados a mano en colinas graníticas. Minería de oro desde el siglo XI. Tecnología simple pero efectiva: fuego y agua para quebrar roca. Procesamiento manual. Gramo a gramo durante cuatrocientos años.

 

El oro extraído de estas minas alimentó el Reino de Zimbabue. Viajó a la costa (Sofala, Mozambique). De ahí a comerciantes árabes. De Arabia a Persia, India, China. El oro de Zimbabue alimentó economías mundiales medievales.

 

Cuando los comerciantes árabes llegaron en el siglo XII, encontraron:

  • Un imperio próspero con 20.000 habitantes
  • Arquitectura de piedra impresionante
  • Comercio internacional establecido
  • Riqueza en oro tangible

 

Conocían la Biblia. Conocían las leyendas de Ophir, la tierra de oro de Salomón. Conectaron los puntos:

 

Oro + Imperio rico + Ubicación remota = Ophir = Minas de Salomón. ( O esto se supone sobre esta leyenda).

 

Error geográfico (Ophir probablemente era India o Arabia). Anacronismo temporal (Salomón siglo X a.C., Zimbabue siglo XI-XV d.C.). Pero lógico para comerciantes medievales.

 

Así nacieron las Minas del Rey Salomón.

 

El nombre era erróneo. Pero las minas eran reales. El oro era real. El imperio era real.

 

Y todo era AFRICANO.

 

LO QUE ÁFRICA LES ENSEÑÓ

 

Este viaje no fue solo verificar una teoría histórica. Fue redescubrir un continente malinterpretado.

 

África no es un país. Son 54 países con miles de culturas, lenguas, religiones, paisajes.

 

África no necesita salvadores. Necesita justicia. Respeto. Reconocimiento de su historia real. Necesita educación, trabajo, justicia, para poder prosperar.

 

África no es solo pobreza y guerra. Es también innovación, arte, resiliencia, belleza natural incomparable.

 

África no es atrasada como parece. Tuvo imperios avanzados (Zimbabue, Kush, Axum, Ghana, Mali, Songhai) mientras entonces Europa todavía estaba en Edad Media.

 

África es la cuna de la humanidad donde se descubrió a Lucy, 3.2 millones de años en Etiopía. Todos venimos de allí suponen los más prestigiosos científicos de la evolución humana. Todos somos africanos en origen.

 

Cuando el presidente de los Estados Unidos se enteró de la aventura de esos cuatro españoles, le encantó, y quiso invitarlos a la Casa Blanca para conocerlos personalmente y honrarles por su aventura. Es algo bueno y muy positivo que personas puedan viajar con medios propios, descubrir nuevos mundos, y aprender.

 

Esta película es, pues, la crónica de un largo viaje por África.


ALGUNAS DE LAS FOTOGRAFÍAS DEL RODAJE DE LA PELÍCULA: 










































































































































































































































MORIR EN TOLEDO: UNA HISTORIA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

  Hay momentos en la historia que parecen escritos con fuego. Momentos que no se borran, aunque pasen décadas, aunque cambien las generacion...