La
agencia de noticias EFE informó recientemente que este pasado mes de marzo ha
sido uno de los más lluviosos en más de cinco décadas. Sin embargo, en
paralelo, se insiste en el discurso del cambio climático y la emergencia
climática, un relato que, ligado a la Agenda 2030, parece diseñado para
infundir miedo en la población.
Nos
advierten de inviernos secos y calurosos, sequías prolongadas y, de forma
intermitente, lluvias torrenciales. Pero, ¿es esto realmente una novedad? El
clima siempre ha sido variable e impredecible. Lo que no tiene sentido es caer
en alarmismos exagerados ni usar estas fluctuaciones para atemorizar a la
gente.
La
solución a estas dinámicas naturales pasa por medidas prácticas y de sentido
común: construir más pantanos y embalses. Estas infraestructuras permiten
almacenar agua en épocas de abundancia para garantizar el suministro cuando
escasea, al tiempo que ayudan a prevenir inundaciones en momentos de lluvias intensas.
Además, los pantanos ofrecen un beneficio añadido: la generación de energía
hidroeléctrica, una
fuente limpia.
Sin
embargo, estas propuestas sensatas parecen no interesar a una clase política
empeñada en perpetuar el discurso del alarmismo climático y en seguir al pie de
la letra la controvertida Agenda 2030. Ahora que las lluvias han sido
generosas, contamos con agua en abundancia, una materia prima esencial que,
junto al cemento, la grava y las armaduras de hierro, podría destinarse a la
construcción de esas presas tan necesarias para gestionar de forma inteligente
nuestros recursos hídricos.
Pero
no solo se trata de agua. También urge una mejor gestión de nuestros bosques.
La limpieza, el triturado y la poda de la vegetación son tareas esenciales para
mantenerlos en buen estado y reducir el riesgo de incendios cuando la
vegetación se seca. Lamentablemente, políticas como el Pacto Verde y la Ley de
Regeneración de la Naturaleza, aprobadas en Bruselas con el respaldo de
partidos como el PSOE y el PP —alineados con la Agenda 2030—, lo dificultan.
Bajo la excusa de proteger el medio ambiente, se prohíben estas labores
preventivas, ignorando que un bosque descuidado y pasto de las llamas termina
causando un daño ambiental mucho mayor.
Vivimos
en un país atrapado en contradicciones, gobernado por políticos que parecen
carecer de sentido común y que actúan al dictado de intereses externos. La
Agenda 2030, lejos de ser una solución, se percibe cada vez más como un montaje
que prioriza narrativas sobre acciones concretas. Es hora de apostar por
medidas prácticas y abandonar los relatos que solo buscan control y sumisión.
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