Ayer tuvo lugar en el Palacio
de la Magdalena en Santander la reunión de los 17 presidentes y presidentas de
las distintas comunidades autónomas españolas, convocado por el presidente del
gobierno Pedro Sánchez, y con asistencia de Su Majestad el Rey Felipe VI para
hacerse la foto en la cual no lució ningún pin identificativo y representativo
de nada.
El pin rojo tenía funciones
identificativas para no despistar a los escoltas, el de Pedro Sánchez era el de
la Agenda 2030 que es lo que está llevando a España a su destrozo arruinando y
a la falta de libertades. El Rey no llevaba ningún pin, y en todo caso nadie
fue capaz de exhibirse con el pin de la bandera que simboliza nuestra patria
común: España.
Como era natural, nadie llegó
a acuerdos, y se discutieron de distintos temas que más bien terminó siendo el
habitual diálogo de sordos en estos encuentros institucionales, cada uno
mirando por su lado e intereses políticos.
Es lo que tiene ser un estado
de las autonomías: muchos políticos, muchos funcionarios, y mucha burocracia
que nos termina saliendo muy caro teniendo que pagar cada vez más impuestos, y
con unas leyes que pueden ser distintas en cada territorio y que igual pueden
ser expresión de insolidaridad y discriminación.
El debate debiera ser si se
puede cambiar el sistema político de autonomías, por otro más propio de un país
unitario, para evitar las discriminaciones y el elevado coste en impuestos que
suponen todos los cargos públicos y la enorme burocracia que con ello conlleva.
Pero la realidad es que a
casi todos los partidos políticos, excepto VOX, le interesa la permanencia de
estas autonomías, para repartirse poder y cargos con los que vivir muy bien a
costa del resto de los ciudadanos españoles.
Por esto somos un país de
reinos de taifas, que deberíamos de hacerlo ver y replantearse por qué nos sale
tan caro, y porque no resulta beneficioso para los ciudadanos en muchísimos
aspectos.
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