El aroma a primavera y a historia se
entrelazaba en el aire. Desde la vibrante costa californiana de Estados Unidos,
Natalia Mar había cruzado el Atlántico. La había invitado Javier, un viejo
amigo gerundense con una sonrisa tan cálida como el sol de mayo, para
sumergirla en la magia efímera de "Girona, Temps de Flors".
Javier guió a Natalia desde la plaza de la
Independencia hacia el Barrio Viejo, un dédalo de piedra milenaria que, por
unos días, se rendía al arte floral. No eran solo las asombrosas
ornamentaciones lo que cautivaba a Natalia; era la marea humana, el murmullo de
mil lenguas, los turistas que fotografiaban cada pétalo y, sí, la innegable
belleza de las visitantes que formaban parte del propio espectáculo, pues nunca
había visto a tantas mujeres hermosas juntas en el mayor evento floral del
mundo que todos los años tenía lugar en Gerona.
Mientras sus pasos resonaban por calles como
las de la Forca, o la judería de Gerona, Javier desveló un secreto largamente
guardado: "He terminado mi novela". Su voz vibró con el fervor de
quien ha revivido el pasado. Se trataba de una novela histórica ambientada en
la dramática Guerra de la Independencia, cuando la ciudad de Girona, invadida
por las tropas de Napoleón Bonaparte, soportó un numantino asedio en 1808 y
1809. Un relato de heroísmo y resistencia.
Natalia, fascinada, le preguntó cómo
conseguirla. Javier, con un guiño moderno, le explicó que su obra estaba
disponible para descarga en sus redes sociales, un puente digital entre el
pasado épico y el presente conectado.
Para inyectar una dosis de adrenalina a su
encuentro, Javier tenía preparada una sorpresa mayúscula. "¿Lista para ver
las flores desde el cielo?". La invitó a subir a su avioneta, para el que
ambos tuvieron que viajar hacia el aeródromo de Ampuriabrava con el Renault
Clio Azul de él, hasta llegar donde tenía aparcada su avioneta. Juntos, se
elevaron sobre la planicie del Ampurdán y luego sobre la Inmortal Urbe,
contemplando el tapiz floral de Girona a vista de pájaro, una alfombra de color
sobre el gris-rosado de los tejados. Tras el aterrizaje en el aeródromo, la
realidad floral los reclamó y volvieron a sumergirse otra vez en la celebración
del festival floral gerundense.
Repusieron fuerzas con una comida sabrosa en
un restaurante castizo del casco antiguo gerundense, y luego el paseo se
transformó en la repetición de una coreografía espontánea que ya habían hecho
al principio. Es decir, que riendo sin reservas, se detuvieron en plazas y
callejones para grabar vídeos tipo "Tik Tok", capturando la alegría
del momento con pasos improvisados y absurdos que desafiaban la solemnidad del
entorno, y a la que a veces se incorporaban las curiosas jóvenes visitantes que
habían en el entorno.
Pero el festival, en su apogeo de gente y
color, reveló su cara más caótica. Absortos en la conversación y el bullicio,
ocurrió lo inevitable: se perdieron sin darse cuenta al entrar por callejones
distintos. La aglomeración se había tragado a Natalia. Javier, con el corazón
en un puño, inició una búsqueda desesperada por las calles atestadas, su
alegría mutada en pánico.
Y entonces, en el lugar más icónico de la
ciudad, justo en la imponente escalinata de la Catedral de Girona, la vio otra
vez. Natalia estaba allí, tan aliviada como él. El reencuentro fue una
explosión de alivio que disolvió el susto en una anécdota, un recordatorio de
lo fácil que es perderse y encontrarse en el laberinto de la vida, y con esto
darse cuenta de lo mucho que se quieren hasta el punto de que no pueden vivir
el uno sin el otro.
La larga jornada de flores, historia y sustos
llegaba a su fin. En el hotel, donde Javier había reservado la habitación, el
ambiente se tornó íntimo y sosegado. Se sentaron a desgranar sus vidas: la
amistad cómplice que los unía, la epopeya de su novela, los estudios y el
trabajo de Natalia en la lejana América.
El cansancio se mezcló con una tensión
eléctrica, una química que había estado latente todo el día. Las palabras se
desvanecieron. La necesidad de cercanía se impuso, y el final fue un encendido
torrente pasional. El cuerpo reclamó al cuerpo, la intimidad estalló de manera
urgente e ineludible en la ducha, sin tiempo ni para despojarse de la ropa,
sellando la aventura del "Temps de Flors" con un arrebato de amor del
cual hay que dejarse llevar en el momento que más se siente.
Podéis descargar el libro “Los gritos de
Gerona”, accediendo al siguiente enlace:
https://sitiodegerona.blogspot.com/2025/08/los-gritos-de-gerona.html
También lo podéis descargar desde INTERNET
ARCHIVE, entrando en el siguiente enlace:
https://archive.org/details/los-gritos-de-gerona-por-xavier-valderas
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