martes, 25 de marzo de 2025

EL ESTADO Y NAYIB BUKELE


Hace unos días, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, lanzó una idea que no podemos ignorar: el Estado existe para proteger a los ciudadanos, y si no logra frenar la delincuencia, no es porque sea imposible, sino porque quienes lo dirigen podrían estar del lado equivocado ( que es con los delincuentes). Sus palabras resuenan como un eco de lo que hace más de dos mil años dijo Cayo Julio César: “La virtud del Estado es la justicia; cuando esta falta, no es un gobierno, sino una banda de ladrones disfrazada de autoridad”.

 

Pensemos en esto con seriedad. ¿Qué vemos hoy en España?.  Un país donde los impuestos nos asfixian, las multas parecen un negocio más del poder, y el dinero público desaparece en manos de corruptos sin que nadie rinda cuentas. Leyes que encaminadas a proteger a los delincuentes en lugar de a las víctimas, decisiones que venden nuestra soberanía a intereses extranjeros, y una inmigración descontrolada que, lejos de ser gestionada con orden y sentido común, genera inseguridad y malestar. ¿Es esto un gobierno o una mafia organizada?. Está claro que la gobernanza de España está en manos de unos mafiosos delincuentes.

 

La delincuencia no es un monstruo invencible; es un síntoma. Si el Estado no la detiene, no es por falta de medios, sino por falta de voluntad. Y esa voluntad solo falla cuando los que mandan tienen más que ganar con el caos que con la justicia. Pero aquí está la verdad que no quieren que veamos: no estamos condenados a esto. Una sociedad justa y segura no es un sueño imposible, es una realidad al alcance de nuestra voluntad colectiva de lo que hay que ser conscientes y hacer algo, por mucho que nos repriman, nos censuren, o nos anulen.

 

Miremos a El Salvador: un país que estaba ahogado por las pandillas, la guerra civil, y la corrupción hoy respira esperanza porque alguien decidió actuar con mano firme y corazón honesto. No se trata de copiar ciegamente, sino de entender el principio: un gobierno que teme al pueblo, y no al revés, es el primer paso hacia la justicia. En España, la solución empieza con algo simple pero poderoso: exigir transparencia total en cada euro público, endurecer las leyes contra la corrupción hasta que ningún ladrón con corbata se atreva a tocar lo que es nuestro, y elegir líderes que sirvan al bien común, no a sus bolsillos ni a sus amos oligarcas.

 

Imaginen un país donde el dinero de tus impuestos construya escuelas y hospitales, no financie privilegios de unos pocos ni se malgaste en lo innecesario; donde la ley sea un escudo para los inocentes y una espada contra los culpables; donde la seguridad no sea un lujo, sino un derecho. Eso no es utopía, es lo que merecemos y podemos lograr. Cada voz que se levanta, cada voto consciente, cada paso hacia la responsabilidad de los poderosos nos acerca a ese futuro.

 

No somos rehenes de ladrones con corbata, ni de los delincuentes sueltos por las calles que acampan a sus anchas sin que nadie los detenga: somos los dueños de nuestro destino y no podemos consentir que nos opriman. La pregunta es: ¿vamos a seguir quejándonos desde el sofá o vamos a tomar las riendas?. La esperanza no es esperar, es actuar. Y el momento de actuar es ahora. Y sobretodo pensando bien a quien dar nuestro voto en las próximas elecciones generales, sin dejarnos engañar como ha ocurrido hasta el momento. 

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